La reforestación de Europa

Septiembre 30, 2006

Los ecologistas pueden estar contentos, el hombre –además hombre blanco- está cediendo espacio a lobos, osos y gatos salvajes:

 

In Europe, Newsweek writes about how packs of wolves are now making a comeback in regions of Central Europe: “A hundred years ago, a burgeoning, land-hungry population killed off the last of Germany’s wolves.” “Our postcard view of Europe, after all, is of a continent where every scrap of land has long been farmed, fenced off and settled. But the continent of the future may look rather different. “Big parts of Europe will renaturalize,” says Reiner Klingholz, head of the Berlin Institute for Population Development. Bears are back in Austria. In Swiss alpine valleys, farms have been receding and forests are growing back in. In parts of France and Germany, wildcats and ospreys have re-established their range.”

 

“In Italy, more than 60 percent of the country’s 2.6 million farmers are at least 65 years old. Once they die out, many of their farms will join the 6 million hectares (one third of Italian farmland) that has already been abandoned.”

 

Es un proceso de reajuste que no veo mal del todo.

 

How the Feminists’ “War against Boys” Paved the Way for Islam


Liberalismo radical y anarcocapitalismo como “idealismos de la praxis”.

Septiembre 30, 2006

El “idealismo de la praxis” es un concepto marxista que se refiere a aquellas corrientes que separan al Hombre de la Naturaleza, y consideran a esta reducible ontológicamente al Hombre. En estos casos, el sustrato material -la Naturaleza- pasa a depender de la instancia subjetiva -el Hombre-, que es la fundante y originaria desde el punto de vista ontológico.

El concepto de “idealismo de la praxis”, de Barata Moura (un chavista, no les voy a engañar), fue aplicado originalmente al marxismo existencialista de Merleau-Ponty y de Sartre.

Propongo que el liberalismo radical y el anarcocapitalismo de fundamentación iusnaturalista recaen también en el error del “idealismo de la praxis”. El origen de su error está en otorgar derechos naturales absolutos a un ser finito. Es absurdo pretender que un ser finito pueda ser portador de derechos individuales absolutos; es imposible fundamentar esos derechos en su naturaleza. Hablar de derecho natural a la vida en un ser mortal por su propia naturaleza es algo que no logro comprender.


El imperio español y el imperio británico

Septiembre 16, 2006

El domingo 16 de julio, La Razón publicó una entrevista con el historiador John Elliot, relacionada con su nuevo libro: «Imperios del mundo Atlántico: Gran Bretaña y España en América». En el libro se compara la colonización de ambos países. El título que La razón da a la entrevista es suficientemente significativo: «La Corona española intentó proteger a los indios, aunque cargó con la leyenda negra». DEbo de decir no obstante que la construcción del título me suena algo extraña, creo que sería preferible decir «La Corona española intentó proteger a los indios, sin embargo cargó con la leyenda negra» o invertir el orden de las dos oraciones «Aunque cargó con la leyenda negra, la Corona española intentó proteger a los indios».

Sacudirnos la leyenda negra debería tener prioridad absoluta en la acción cultural y educativa de España; sin embargo, el gobierno resultante de los atentados de Atocha trabaja en dirección contraria. En algunos casos llegando al esperpento, como cuando la ministra de Cultura afirmó que Cervantes estuvo en Argel en una especie de intercambio cultural. Quizás no sabe que Los baños de Argel eran calabozos, no balnearios.

Voy a destacar tres ideas de lo dicho en la entrevista, que supongo toca los temas más relevantes del libro:

Una de las principales diferencias entre ambas colonizaciones deriva del hecho de que en la América hispana había ya civilizaciones agrícolas políticamente desarrolladas como estados –como imperios- frente a las bandas de cazadores de la América anglosajona. Los primeros ya estaban civilizados (antropológicamente hablando, civilización es el estado que se adquiere con la agricultura cerealista intensiva), por lo que solo hubo que cambiar la superestructura política tras la derrota militar. Los segundo eran cazadores’, nómadas o seminómadas, imposibles de sujetar, de convertir en sujetos. Esto no admite comentario.

-Las poblaciones que encontraron, en ambos casos, también eran distintas.
-Los españoles encontraron civilizaciones muy diferentes a las que había en la península. Primero la de los indígenas de las islas del Caribe, y luego la de los Aztecas, quienes ya poseían un alto grado de organización política y que luego tuvieron que reajustar a sus ideas. Cortés valoraba a estas gentes y quería integrarlas en la sociedad hispana. Era optimista y por eso trajo a los primeros frailes para poder convertirlos a la fe cristiana y darles las costumbres españolas y las europeas. Existió una visión para asimilarles.

 

-De nuevo, el caso inglés es diferente.
-Venían, como hemos dicho, de su experiencia con los irlandeses. Para ellos, los irlandeses eran unos bárbaros y desde el siglo XIV existían leyes para impedir los matrimonios con ellos. Esa población quedó marginada por los ingleses muy pronto. Es algo diferente a lo que ocurrió en España durante la reconquista, aunque tampoco en la península hubo uniones entre moros y cristianos. En cambio, en América sí las hubo entre las capas sociales más altas, apareciendo una creciente población de mestizos. Los ingleses, por su parte, no querían cohabitar con los indios. Toda la trayectoria colonizadora británica está basada en la segregación de los indios y en su expulsión hacia los márgenes.

 

-¿Influyó en la conquista americana que hubiera dos imperios como el Inca o el Azteca, o eso perjudicó a los españoles?
-Que encontraran dos sociedades organizadas ayudó a los españoles. Cortés era astuto y, tras secuestrar a Moctezuma, se quedó con el imperio en sus manos y usó esa maquinaria imperial para asentar la colonización y a la vez cobrar los tributos y obtener mano de obra en México. Lo mismo sucedió en Perú, con Pizarro, aunque aquí hubo más resistencia. Pero se hizo lo mismo, empleando los mismos recursos de la antigua nobleza que ya había ahí asentada. Por eso fue más fácil la colonización y los españoles pudieron desarrollar una organización y una burocracia.

 

-En América del Norte no pasó lo mismo.
-Los primeros ingleses quedaron decepcionados porque la población que encontraron era muy escasa en comparación con la del Sur, y era inutilizable como mano de obra. Los ingleses, por eso, buscaron otros recursos. Al principio contrataron criados que venían de Inglaterra y a los que se llegaba a pagar el viaje trasatlántico. Era la primera emigración. Pero poco después, los españoles empezaron a comprar negros con los que comerciaban los portugueses en el siglo XVI. Ya en la segunda mitad del siglo XVII, los ingleses también lo hicieron. Eso reforzó el sistema de plantaciones. La búsqueda de mano de obra fue fundamental

La América hispana quedó trastornada por las “guerras de independencia”. Aunque la historia oficial de estas naciones las presente como tales, en realidad fueron guerras civiles, en que la población se dividió entre independentistas y “realistas”. Pero no es cierto que eso hiciera que fuera “demasiado tarde” para ellas. Nunca es tarde para coger “el tren de la historia”: libertad de contratación, derechos de propiedad bien definidos y gobierno limitado y responsable. Eso es todo lo que se necesita.

Para mí, el gran desastre en la América de los españoles fueron los veinte años que duró la independencia. Fueron devastadores para las colonias españolas. En Norteamérica, la guerra de independencia sólo se prolongó durante ocho años y existió menos sufrimiento. Y, además, se produjo en un excelente momento: coincidió con las invasiones napoleónicas, y eso fomentó el comercio con los países de Europa. También les ayudó a expandir sus relaciones comerciales hacia el oeste en un momento en que las colonias españolas estaban concentradas en su propia guerra civil. Después ya fue demasiado tarde para ellas. La confluencia de estos tres factores fue determinante: las colonias españolas fueron mercados magníficos para el comercio británico, fueron víctimas de su herencia colonial, con un largo conflicto y, después, sufrieron el impacto del desarrollo industrial durante el siglo XIX.

La clave de la distinta evolución política y económica se pone en el pluralismo. En la América anglosajona había una diversidad de ideas y religiones que se mantenía en equilibrio y que servía de contención mutua. En la América española se impone la uniformidad católica. Esto también es relativo. Las colonias del sur –que nunca fueron realmente “colonias” sino partes de España, de la Monarquía Hispánica, con el mismo derecho que los territorios peninsulares entran en el s. XIX en una situación comparable a la de las colonias del norte. De los tumbos que han dado desde entonces, solo son responsables sus políticos. No se olvide que Argentina ha pasado del primer mundo al tercero en pleno siglo XX, más de 100 años después de la independencia.

En las colonias británicas existía una diversidad de religiones, ideas que favoreció la colonización de América. En el caso español había una uniformidad, impuesta por la Corona, que prohibió la llegada de otros inmigrantes y evitó así la entrada de otros valores nuevos.

Hay también un libro que compara la colonización española con la portuguesa. Su autor es el francés Bennassar. Quedamos también muy bien parados.


Cangas de Onís, donde España renació como ave fénix.

Septiembre 13, 2006

Pasamos este verano un par de días en Asturias, cerca de Cangas de Onís, villa que podemos considerar como el lugar donde España renació como el ave fénix. Aquí hay una interesante colección de fotos antiguas del lugar.

Para empezar llama la atención su escudo:


“Pequeña ciudad, pero gran capital”, dice el lema. En efecto, la primera capital de España. Pero sobre todo llama la atención la cruz colocada sobre una media luna cabizbaja que hace referencia al derrota sufrida por los mahometanos en la cercana Covadonga. Incorrecto políticamente, esperemos que dure mucho. En la Wiki parece que no se atreven a ponerlo…

Visitamos la capilla de Santa Cruz, mandada construir por el Rey Favila, hijo de Pelayo, para custodiar la cruz de la Victoria. Se construyó sobre un dolmen, que ha sido puesto al descubierto en una restauración. En la base de la columna que sostiene el porche se puede ver de nuevo el motivo de la cruz sobre la media luna derrotada.

Visitamos también el Aula del Reino de Asturias, interesante aunque con alguna concesión etnicista, y por supuesto Covandoga, donde tampoco hay concesiones a la “corrección política”, al menos por el momento. Aquí está el famoso Pelayo:


Manuel Lizcano, un pensador intempestivo

Septiembre 13, 2006

Manuel Lizcano, un pensador intempestivo

Diego Gracia Guillén es director de la Fundación Zubiri

EL PAÍS – Gente – 12-01-2005

Manuel Lizcano Pellón, muerto a los 83 años con el año que también nos acaba de dejar, es una de las figuras más desconocidas y seguramente más originales del pensamiento español del último medio siglo.

Perteneciente a la que él mismo llamó “generación perdida” de la posguerra civil, fue pionero de la sociología en España, siguiendo los cursos de Sociología de las Religiones en 1956 en el CNRS de París, donde trabó amistad con Enri Desroche y Edgar Morin. Sus colaboraciones de entonces en revistas y congresos de Alemania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos abrieron al exterior la incipiente sociología española.

Procedente de la militancia obrera católica de izquierdas durante los años más duros del franquismo, fue miembro fundador del Felipe (Frente de Liberación Popular, al que después repudió por su deriva comunista) y promovió el diálogo entre los sectores más abiertos del anarcosindicalismo (que por entonces empezaba a abandonar las cárceles), del obrerismo cristiano y del sindicalismo oficial.

Ante el bloqueo de las autoridades académicas de la época, fundó en Madrid el Instituto de Sociología y Desarrollo del Área Ibérica (Isdiber), de orientación iberoamericanista y comunalista, donde cursaron e impartieron cursos de posgrado eminentes figuras políticas e intelectuales de la América hispana, como el que sería presidente de Perú, Alan García.

Desde esta plataforma organizó los primeros Foros Iberoamericanos (Bogotá, 1973; La Rábida, 1975), que son precursores de las actuales Cumbres Iberoamericanas.

Su formación intelectual estuvo marcada por la impronta de Xavier Zubiri, cuya obra desarrolló articulándola con una tradición que enhebra, entre otros muchos hilos, la mística castellana, el pensamiento paradójico de Gracián, la reflexión trágica de Unamuno y los planteamientos libertarios de Diego Abad de Santillán (a quien le unió una estrecha amistad) o del socialismo de Jerusalén de Martín Buber.

Pasó los últimos 20 años absorbido en la redacción de una vasta y original trilogía que ha quedado inconclusa, aunque algunos atisbos se apuntan en sus dos libros, La revolución comunal: hacia una nueva comunidad ibero-americana, y El nuevo proyecto español: quince tesis sobre la sociedad iberoamericana y su identidad cultural.

Su pensamiento más elaborado se articula en torno a dos ejes. Por un lado, una revisión de la historia de los pueblos de España que la reinterpreta, no en los tópicos términos de atraso respecto de una modernidad que le es ajena, sino en función de una modernidad propia -en parte truncada- que se proyecta sobre la América de lengua española y portuguesa y se manifiesta en sus realizaciones comunales y sus aspiraciones utópicas.

Por otro, una crítica de la filosofía y de las ciencias sociales como disciplinas constreñidas por un logos que las aprisiona en vez de abrirlas a las posibilidades implícitas en todo grupo humano. De ahí que planteara la necesidad de una “noología del sobrenombre”, donde la apertura del nous reemplaza a la clausura del logos y donde la condición del hombre (o mujer) no hace del ser humano un mero adjetivo (“hombre libre”), sino una realidad sustantiva (el “libre sustantivo”) que se realiza como absoluta en la comunidad de seres humanos.


Solo un personaje tomó en serio a D. Quixote… era, por supuesto, un vizcaíno.

Septiembre 11, 2006

Dejó escrito Juaristi en el ABC sobre la traducción del Quijote a ese vascuence llamado “batúa” que :

Trasladar el Quijote al vasco es llevar hierro a Vizcaya. Los euscaldunes lo leemos mejor y le sacamos más deleite y provecho en su lengua original, como es obvio.

En efecto, y no se refiere Juaristi -quizás por no autocitarse- a otro artículo suyo en el mismo periódico. En él escribía sobre la vergüenza que parecen sentir los vascongados por el tratamiento que recibe el famoso vizcaíno del Quijote. Las quejas apuntan a dos asuntos. Uno es el habla agramatical del buen hombre, que hace suponer tendría al vascuence como lengua madre:

—¿Yo no caballero? Juro a Dios tan mientes como cristiano. Si lanza arrojas y espada sacas, ¡el agua cuán presto verás que al gato llevas! Vizcaíno por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo, y mientes que mira si otra dices cosa.

Estas palabras llevan repitiéndose cuatro siglos con rechifla general del respetable y silencio embarazado (o mosqueo rabioso) de vizcaínos, “chicos tan finos, leré, y resalaos” en otros tiempos. El otro motivo de queja es lo mal parado que sale el vizcaíno en el siguiente capítulo:

“… con tal furia descargó sobre el vizcaíno, acertándole de lleno sobre la almohada y sobre la cabeza, que, sin ser parte tan buena defensa, como si cayera sobre él una montaña, comenzó a echar sangre por las narices y por la boca y por los oídos, y a dar muestras de caer de la mula abajo, de donde cayera, sin duda, si no se abrazara con el cuello; pero, con todo eso, sacó los pies de los estribos y luego soltó los brazos, y la mula, espantada del terrible golpe, dio a correr por el campo, y a pocos corcovos dio con su dueño en tierra.”

Lo cierto, sin embargo, es que antes le había zurrado él al manchego otro tanto, y no se le puede acusar de impericia con las armas, sino de mala suerte con la mula de alquiler que llevaba. El honor, por tanto, quedaría a salvo.

Pero vayámos al asunto principal. Lo más desconcertante del comportamiento del vizcaíno no es su ridícula farfulla, ni el mamporro que le sirve Don Quijote. Lo más desconcertante es que mientras el resto de los personajes de la novela se da cuenta de que el Caballero de la Triste Figura está como un cencerro, el vizcaíno lo toma en serio. Hay que repetirlo: El vizcaíno es el único personaje que toma en serio a Don Quijote; es decir, es más quijotesco que el propio caballero. Y aquí viene lo curioso: si se pretende que éste representa lo más característico del carácter español, y el vizcaíno es aun más quijotesco que el propio Don Quijote…

Bueno, saquen ustedes sus propias consecuencias, que yo no puedo con la risa.


Por tierras de la Protesta

Septiembre 10, 2006

Dedicamos la pasada Semana Santa a recorrer el norte de Alemania, a visitar las antiguas ciudades de la Hansa: Bremen, Hamburgo, Lubeck, Wismar y Rostok. Son unas ciudades alemanas diferentes (se parecen a Ámsterdam más que a Alemania), aunque el verano es mejor época para visitarlas.

El domingo de Pascua nos dispusimos a celebrar debidamente la Resurrección de Cristo. Estabamos en Hamburgo visitando el centro cuando vimos que la gente se dirigía hacia una de las iglesias históricas. Buena oportunidad, además tenían orquesta con solistas, porque se iba a cantar una misa “de autor”, como dicen ahora de algunos vinos. Preguntamos a la entrada si la iglesia era católica y nos dijeron que sí, pero al entrar había algo raro. Las paredes estaban despojadas y no había más imágenes que un Cristo.

Nos habían tomado el pelo, y eso que no se asocia a la Protesta con sentido del humor ni otros excesos. El servicio se nos hizo largo, porque duró más de hora y media, por la misa cantada, y aunque la música era excelente, la ceremonia nos pareció algo desabrida. El oficio se desarrolla bastante de forma parecida a una misa católica, de hecho se le acoplan suficientemente bien los distintos números (kyries, glorias, credos…) de las misas cantadas.

Algunas curiosidades: predicó una “pastora” que empezó contando un chiste contra los católicos. Nada grave. Trataba de que tras la muerte del Papa (ojo, se había muerto hace un año) llega al cielo y lo recibe S. Pedro. Le dice quién es, pero S. Pedro no lo conoce. Le dice que es su sucesor (en efecto, se considera al Papa sucesor de Pedro), pero S. Pedro no entiende, cree que le está tomado el pelo. Va a consultar con Jesucristo… Bueno, siento decir que debido al pobre conocimiento del alemán no me enteré de cómo teminaba el chiste. En todo caso, fue seguido de grandes risas de la feligresía. Parce ser que existía una tradición según la cual los obispos contaban chistes, incluso obscenos, en la Pascua de Resurrección.

Dos detalles más. El Credo es prácticamente igual, solo han sustituido lo de “creo en la santa Iglesia Católica”, por “creo en la santa iglesia general (gemeine)”. En algunos oficios, como en este, tiene lugar un reparto de pan pronunciando las palabras “el Cuerpo de Cristo”, pero sin el ritual del Sacrificio.

Como experiencia no esta mal, pero nos fuimos un poco antes del final. Hubo una cosa que me pareció muy rara: antes de darme la vuelta para il irse, hice la señal de la cruz lo que fuer recibido por un vecino con un amago de respingo.

Si alguien nos puede aclarar porqué nuestros hermanos protestantes –hermanos en Jesucristo- rechazan la gesticulación de la señal de la cruz que nos ilustre.


Estados artificiales y naciones en construcción: Austria y Bélgica. Lecciones para España.

Septiembre 1, 2006

El Brussels Journal nos regala otro artículo largo, Nations Under Construction: Defining Artificial Status. Se trata de una joya en bruto, con una información histórica preciosa y unas reflexiones de filosofía política de la más rabiosa actualidad, especial para España.

Empieza el artículo con el difícil deslinde de los términos nación y estado, que acaba con una propuesta para determinar qué estados son no-artificiales [Hay que advertir que en rigor lo son todos]. Según esta propuesta se concluye que en Europa quedan dos estados artificiales, Bélgica y Bosnia-Herzegovina. Curiosamente no se cita a España ni entre los estados artificiales ni entre los no-artificiales.

El siguiente tema tratado es el del aglutinante de la cohesión social (civic glue). En el se concluye que Bélgica es una anormalidad estatal, porque tiene dos grupos lingüísticos mayoritarios. Dentro de ellos, los flamencos, que hablan holandés, se ven como una nación aparte, mientras que los valones se ven como parte de Francia.

Se pasa a estudiar la historia del Imperio de los Habsburgo. Nuevo para mí y, por tanto, interesantísimo. En 1526 los Habsburgo reúnen Austria, Hungría y Bohemia en una corona, pero no tiene lugar el proceso absolutista -acelerado por las revoluciones liberales- de homogeneización cultural del territorio. De hecho en 1867 se produce una fragmentación del imperio en dos unidades administrativas, la austriaca y la húngara. Se pasa entonces a llamar Imperio Austrohúngaro.

Funcionan como dos países con diferente parlamento y gobierno. Solo la defensa, la política exterior y algunos asuntos económicos de tratan conjuntamente. En el interior de su territorio, estas dos unidades aplican políticas opuestas. La parte austriaca siguió funcionando de forma descentralizada, pero la parte húngara se dedicó a “fer pais”, a construir la nación mediante un programa de magiarización forzada en las escuelas, a pesar de que la mitad de la población era no húngara. Pronto, el húngaro fue la lengua oficial única, salvo en Croacia a la que se había concedido cierta autonomía.

Las minorías checa, eslovena, ucraniana y demás, residentes en la parte “austriaca” tenían poco de qué quejarse. Desde principios del s. XIX, la monarquía apoyaba al checo, Incluso se intentó hacerlo co-oficial en toda Austria.

The Habsburgs had encouraged the development of the Czech language ever since the beginning of the 19th century. “If Austria did not exist, it would be necessary to create her, in the interests of humanity itself,” Frantisek Palacky, one of the great figures of the Czech revival wrote in 1848.

El nacionalismo excluyente de Hungría hizo inestable al imperio. Las minorías de Hungría pedían apoyo al emperador contra Budapest… Los eslovacos, una minoría del área de Hungría, quisieron tener un estatus similar al de los checos, lo que fue considerado por Hungría como “separatismo”.

[Ciertamente, esta historia se parece demasiado a la de la actual desmembración asimétrica de España. Por cierto, el nacionalismo húngaro se dirigió contra las minorías, no contra la monarquía de los Habsburgo. Creo que nuestro Borbón está echando las mismas cuentas]

Sigue la historia de Bélgica, nacida en 1830. Bélgica formaba parte de los Países Bajos. Los valones se rebelaron pues querían ser parte de Francia. En la Conferencia de Londres de 1831 se acordó crear este nuevo estado, contra la opinión de la minoría francesa y de la mayoría holandesa. Se le impuso un rey de origen alemán y la obligación de permanecer neutral. Es decir, nació como nación no soberana. El rey sigue ejerciendo una función arbitral que hace que tenga mas poder de hecho que ninguno de sus “primos”.

Contra todo pronóstico el país ha seguido adelante. Los tres primeros reyes fueron figuras de fuerte personalidad, siempre a la búsqueda de la creación de un “pueblo belga”. El primero insistió en el hecho de la catolicidad, el segundo lo intentó mediante la expansión colonial. El tercero dio en el clavo con la creación de una “cultura del bienestar”, que convirtió a Bélgica en un mecanismo de redistribución. Así se llegó en los 80 a una deuda pública del 127% del PIB en 1996; deuda que ha podido ser reducida recientemente (93,60% en 2005).

Al final de los años 90 del pasado siglo, en línea con las filosofías posmodernas, se ha llegado a proponer la deconstrucción nacional de Bélgica. Su identidad nacional pasaría a estar precisamente en la carencia de identidad nacional. Se propone también que esa sea la identidad europea.

Pero, para mí, está por ver que en las actuales circunstancias históricas se haya superado ese “horror al vacío nacional”. Por ejemplo, no creo que Bélgica pudiera sobrevivir a su transformación en república.