Solo un personaje tomó en serio a D. Quixote… era, por supuesto, un vizcaíno.

Septiembre 11, 2006

Dejó escrito Juaristi en el ABC sobre la traducción del Quijote a ese vascuence llamado “batúa” que :

Trasladar el Quijote al vasco es llevar hierro a Vizcaya. Los euscaldunes lo leemos mejor y le sacamos más deleite y provecho en su lengua original, como es obvio.

En efecto, y no se refiere Juaristi -quizás por no autocitarse- a otro artículo suyo en el mismo periódico. En él escribía sobre la vergüenza que parecen sentir los vascongados por el tratamiento que recibe el famoso vizcaíno del Quijote. Las quejas apuntan a dos asuntos. Uno es el habla agramatical del buen hombre, que hace suponer tendría al vascuence como lengua madre:

—¿Yo no caballero? Juro a Dios tan mientes como cristiano. Si lanza arrojas y espada sacas, ¡el agua cuán presto verás que al gato llevas! Vizcaíno por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo, y mientes que mira si otra dices cosa.

Estas palabras llevan repitiéndose cuatro siglos con rechifla general del respetable y silencio embarazado (o mosqueo rabioso) de vizcaínos, “chicos tan finos, leré, y resalaos” en otros tiempos. El otro motivo de queja es lo mal parado que sale el vizcaíno en el siguiente capítulo:

“… con tal furia descargó sobre el vizcaíno, acertándole de lleno sobre la almohada y sobre la cabeza, que, sin ser parte tan buena defensa, como si cayera sobre él una montaña, comenzó a echar sangre por las narices y por la boca y por los oídos, y a dar muestras de caer de la mula abajo, de donde cayera, sin duda, si no se abrazara con el cuello; pero, con todo eso, sacó los pies de los estribos y luego soltó los brazos, y la mula, espantada del terrible golpe, dio a correr por el campo, y a pocos corcovos dio con su dueño en tierra.”

Lo cierto, sin embargo, es que antes le había zurrado él al manchego otro tanto, y no se le puede acusar de impericia con las armas, sino de mala suerte con la mula de alquiler que llevaba. El honor, por tanto, quedaría a salvo.

Pero vayámos al asunto principal. Lo más desconcertante del comportamiento del vizcaíno no es su ridícula farfulla, ni el mamporro que le sirve Don Quijote. Lo más desconcertante es que mientras el resto de los personajes de la novela se da cuenta de que el Caballero de la Triste Figura está como un cencerro, el vizcaíno lo toma en serio. Hay que repetirlo: El vizcaíno es el único personaje que toma en serio a Don Quijote; es decir, es más quijotesco que el propio caballero. Y aquí viene lo curioso: si se pretende que éste representa lo más característico del carácter español, y el vizcaíno es aun más quijotesco que el propio Don Quijote…

Bueno, saquen ustedes sus propias consecuencias, que yo no puedo con la risa.