El domingo 16 de julio, La Razón publicó una entrevista con el historiador John Elliot, relacionada con su nuevo libro: «Imperios del mundo Atlántico: Gran Bretaña y España en América». En el libro se compara la colonización de ambos países. El título que La razón da a la entrevista es suficientemente significativo: «La Corona española intentó proteger a los indios, aunque cargó con la leyenda negra». DEbo de decir no obstante que la construcción del título me suena algo extraña, creo que sería preferible decir «La Corona española intentó proteger a los indios, sin embargo cargó con la leyenda negra» o invertir el orden de las dos oraciones «Aunque cargó con la leyenda negra, la Corona española intentó proteger a los indios».
Sacudirnos la leyenda negra debería tener prioridad absoluta en la acción cultural y educativa de España; sin embargo, el gobierno resultante de los atentados de Atocha trabaja en dirección contraria. En algunos casos llegando al esperpento, como cuando la ministra de Cultura afirmó que Cervantes estuvo en Argel en una especie de intercambio cultural. Quizás no sabe que Los baños de Argel eran calabozos, no balnearios.
Voy a destacar tres ideas de lo dicho en la entrevista, que supongo toca los temas más relevantes del libro:
Una de las principales diferencias entre ambas colonizaciones deriva del hecho de que en la América hispana había ya civilizaciones agrícolas políticamente desarrolladas como estados –como imperios- frente a las bandas de cazadores de la América anglosajona. Los primeros ya estaban civilizados (antropológicamente hablando, civilización es el estado que se adquiere con la agricultura cerealista intensiva), por lo que solo hubo que cambiar la superestructura política tras la derrota militar. Los segundo eran cazadores’, nómadas o seminómadas, imposibles de sujetar, de convertir en sujetos. Esto no admite comentario.
-Las poblaciones que encontraron, en ambos casos, también eran distintas.
-Los españoles encontraron civilizaciones muy diferentes a las que había en la península. Primero la de los indígenas de las islas del Caribe, y luego la de los Aztecas, quienes ya poseían un alto grado de organización política y que luego tuvieron que reajustar a sus ideas. Cortés valoraba a estas gentes y quería integrarlas en la sociedad hispana. Era optimista y por eso trajo a los primeros frailes para poder convertirlos a la fe cristiana y darles las costumbres españolas y las europeas. Existió una visión para asimilarles.
-De nuevo, el caso inglés es diferente.
-Venían, como hemos dicho, de su experiencia con los irlandeses. Para ellos, los irlandeses eran unos bárbaros y desde el siglo XIV existían leyes para impedir los matrimonios con ellos. Esa población quedó marginada por los ingleses muy pronto. Es algo diferente a lo que ocurrió en España durante la reconquista, aunque tampoco en la península hubo uniones entre moros y cristianos. En cambio, en América sí las hubo entre las capas sociales más altas, apareciendo una creciente población de mestizos. Los ingleses, por su parte, no querían cohabitar con los indios. Toda la trayectoria colonizadora británica está basada en la segregación de los indios y en su expulsión hacia los márgenes.
-¿Influyó en la conquista americana que hubiera dos imperios como el Inca o el Azteca, o eso perjudicó a los españoles?
-Que encontraran dos sociedades organizadas ayudó a los españoles. Cortés era astuto y, tras secuestrar a Moctezuma, se quedó con el imperio en sus manos y usó esa maquinaria imperial para asentar la colonización y a la vez cobrar los tributos y obtener mano de obra en México. Lo mismo sucedió en Perú, con Pizarro, aunque aquí hubo más resistencia. Pero se hizo lo mismo, empleando los mismos recursos de la antigua nobleza que ya había ahí asentada. Por eso fue más fácil la colonización y los españoles pudieron desarrollar una organización y una burocracia.
-En América del Norte no pasó lo mismo.
-Los primeros ingleses quedaron decepcionados porque la población que encontraron era muy escasa en comparación con la del Sur, y era inutilizable como mano de obra. Los ingleses, por eso, buscaron otros recursos. Al principio contrataron criados que venían de Inglaterra y a los que se llegaba a pagar el viaje trasatlántico. Era la primera emigración. Pero poco después, los españoles empezaron a comprar negros con los que comerciaban los portugueses en el siglo XVI. Ya en la segunda mitad del siglo XVII, los ingleses también lo hicieron. Eso reforzó el sistema de plantaciones. La búsqueda de mano de obra fue fundamental
La América hispana quedó trastornada por las “guerras de independencia”. Aunque la historia oficial de estas naciones las presente como tales, en realidad fueron guerras civiles, en que la población se dividió entre independentistas y “realistas”. Pero no es cierto que eso hiciera que fuera “demasiado tarde” para ellas. Nunca es tarde para coger “el tren de la historia”: libertad de contratación, derechos de propiedad bien definidos y gobierno limitado y responsable. Eso es todo lo que se necesita.
Para mí, el gran desastre en la América de los españoles fueron los veinte años que duró la independencia. Fueron devastadores para las colonias españolas. En Norteamérica, la guerra de independencia sólo se prolongó durante ocho años y existió menos sufrimiento. Y, además, se produjo en un excelente momento: coincidió con las invasiones napoleónicas, y eso fomentó el comercio con los países de Europa. También les ayudó a expandir sus relaciones comerciales hacia el oeste en un momento en que las colonias españolas estaban concentradas en su propia guerra civil. Después ya fue demasiado tarde para ellas. La confluencia de estos tres factores fue determinante: las colonias españolas fueron mercados magníficos para el comercio británico, fueron víctimas de su herencia colonial, con un largo conflicto y, después, sufrieron el impacto del desarrollo industrial durante el siglo XIX.
La clave de la distinta evolución política y económica se pone en el pluralismo. En la América anglosajona había una diversidad de ideas y religiones que se mantenía en equilibrio y que servía de contención mutua. En la América española se impone la uniformidad católica. Esto también es relativo. Las colonias del sur –que nunca fueron realmente “colonias” sino partes de España, de la Monarquía Hispánica, con el mismo derecho que los territorios peninsulares entran en el s. XIX en una situación comparable a la de las colonias del norte. De los tumbos que han dado desde entonces, solo son responsables sus políticos. No se olvide que Argentina ha pasado del primer mundo al tercero en pleno siglo XX, más de 100 años después de la independencia.
En las colonias británicas existía una diversidad de religiones, ideas que favoreció la colonización de América. En el caso español había una uniformidad, impuesta por la Corona, que prohibió la llegada de otros inmigrantes y evitó así la entrada de otros valores nuevos.
Hay también un libro que compara la colonización española con la portuguesa. Su autor es el francés Bennassar. Quedamos también muy bien parados.
Escrito por AMDG